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Es de noche y el viento que sopla violento fuera de la ventana entona un lamento al que es difícil responder; como siempre sucede. Recuerdo un noche de tantos años atrás. Estaba en Berlín en un hotel bastante cerca del Muro. También en aquel momento el viento soplaba tal vez más furioso y yo me cubría con las mantas con el inútil objetivo de no sentirlo porque tenía la extraña sensación que en ese silbido se ocultasen gritos de dolor.