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Esta noche he bebido más de lo habitual y me lo he permitido porque, entre las cosas ilegales, es la que lo es menos. No obstante las apariencias, confieso que soy una persona que cumple con los deberes impuestos a cada buen ciudadano y, por consiguiente, digno de la estima de todas aquellas buenas personas que no aprecio para nada. A veces me imagino con ellas, todos juntos mientras sonreímos, en una gran foto de familia, algunos todavía con todos sus dientes y otros con muchos menos; caras idiotas para un fotógrafo idiota. ¿Para la posteridad? No, para nosotros mismos. Después de un tiempo la volveremos a ver y: ¡“Mira-diremos-aquí estaba vivo”! En vez, estábamos muertos ya desde hace tiempo. ¿Pero que importancia tiene? Las personas respetables no mueren nunca; nunca han tenido la posibilidad.