Etiquetas

REMORDIMIENTOS
Una espuma roja
agresiva
y tempestuosa
envolvía los dos
blancos orificios
del centro negro.
Luego
un relámpago abrí
una brecha
al inicio de un túnel
de paredes blancas.
Tumbas pegadas
contra el muro
temblaban de miedo.
¡Qué no caigan! ¡Qué no caigan!
Las manos
intentaban detenerlas
pero el temblor
era más fuerte que ellas.
Los travesaños se rompían.
Una tras otra
las casas se abrían
y de todas
salía yo
siempre yo.
Todos juntos
corrimos hacia afuera
hasta un inmenso huerto
con árboles llenos
de dinero y sexo.
Nos lanzamos ávidos
hacia los frutos.
A lo lejos
un niño con las manos perforadas
recogía agua
aumentando su sed.
Era él.
Mi enemigo de siempre.
Después de haberlo matado
lo cogí por un brazo
y me dirigí a casa.
A esa hora
era ya el atardecer.