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Una de nuestras tantas limitaciones consiste en el hecho de que para enunciar un concepto o aunque sólo para manifestar un pensamiento, es necesaro recurrir a una multitud de vocablos, de palabras, de preposiciones. Con una entidad sola, bien que compuesta por varias sílabas, no somos capaces de expresar nada que pueda tener, aunque sólo primitivamente, la forma de una elaboración cerebral. La construcción de un discurso por tanto no es otra cosa que una imperceptible elevación de aquello que elevado no es. La formulación misma de este simple y elemental razonamiento ha debido servirse de decenas de palabras sin lograr, no obstante todo, expresar plenamente el concepto perseguido cuando tal vez era suficiente…