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castello1

Para Kierkegaard la pena era un castillo feudal del que cada tanto se alejaba para aferrar su víctima. La mia no tiene nada de lujoso, pero no es tampoco un edificio en ruinas, en verdad no es ni siquiera visible, es sólo un estúpido, pequeñísimo anaerobio que se dedica a devorar las vulnerables células de mi esperanza con constancia alucinante, sin que nadie pueda detenerlo.