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perso la testa

SIN CABEZA

No hay
nada extraño
en el tic
de quien
debe apretar un botón
ocho horas por día.
¡No tiene cabeza!
¡No tiene cabeza!
Pero los caballos ya iban lejos.
La mirada alucinada
del hombre de las naranjadas
tiene un sentido
se hay veneno
en las bebidas.
¡No tiene cabeza!
¡No tiene cabeza!
Pero los caballos no se veían más.
Es lógica
la carcajada de dolor
de la mujer que ve
el propio hijo
atropellado por el treno.
¡No tiene cabeza!
¡No tiene cabeza!
Pero los caballos
estaban muertos.
El loco que ríe
más allá
de la orilla del río
¿es tal vez más peligroso
si se ríe de tí?
¡No tiene cabeza!
¡No tiene cabeza!
¡Y todavía se mueve!
Todo normal.
Sólo los nervios
que
mueren en paz.