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uomo161

Frente al espejo con los ojos enrojecidos, los cabellos despeinados un poco encanecidos, la cara cansada con algunas arrugas que nunca había notado, me di cuenta que el tiempo ya no sonreía más y entonces probé a sonreir yo. Una sonrisa avergonzada, miedosa y artificial, decepcionada por su propia función primaria, víctima de una juventud envejecida prematuramente, de todas formas se ha abierto un camino entre un enredo de expresiones demasiado serias para resultar armoniosas entre ellas.